Instrumentos musicales aborígenes: caparazones de tortuga

Los caparazones de tortuga han sido empleados en los cinco continentes para ejecutarlos como distintos instrumentos musicales: Los gbóló gbóló de la cultura Vai de Liberia, al Kanhi en Indochina, sonajeros de los Hopi del actual EE UU y los tambores de los Dan de Costa de Marfil. América Latina no ha sido la excepción: sobre todo como idiófonos, pero sobre todo como membranófonos y aerófonos. Hay evidencias arqueológicas de estos instrumentos en las culturas de Mesoamérica. Tras la invasión europea, se lo empleó también como caja de resonancia de algunos  cordófonos.

 

Como idiófono de golpe puede ser utilizado dando golpes directos con una madera, asta o hueso, o bien como sonajero.

 

Como idiófono de fricción: Se unta una parte del caparazón con resina o cera y se frota con el dedo o con una varilla produciendo un sonido chirriante.

 

En nuestra Pampa   y Patagonia se han utilizado caparazones de armadillo para lograr instrumentos similares, tanto entre los de percusión (ápel de los Aonikenk) como en las cajas de resonancia de numerosas variedades de charangos.

 

Varios pueblos han elaborado sonajas con caparazones pequeñas que llevan, o bien como pulsera, o bien como tobillera. En el caso de los chamanes estos sonajeros alcanzan carácter místico.