Instrumentos musicales aborígenes: Cuerdas

Arcos musicales:

Composición: Vara flexible de madera, de longitud variable (entre 30 cm. y 3 m.) circular, elíptica o rectangular y curvada por la tensión de una o varias cuerdas. En algunos casos la pieza de madera se sustituye por un segmento de caña o hueso (costilla animal) El material de la cuerda puede variar: cabello humano, crin animal, fibras vegetales, tendón y en la modernidad, nylon o alambre. Debido a que este instrumento suena débilmente se le coloca un resonador: la vibración de la cuerda es recogida y amplificada por un agujero en la calabaza hecho justo debajo de la cuerda.  En algunos casos la boca del intérprete hace de resonador. Se dice que los resonadores de calabaza llegaron desde África.

 

Al igual que los violines, estos instrumentos pueden ser frotados o pellizcados para lograr el sonido. En el caso del frotado se utiliza una varilla humedecida con saliva. Según la región, las cuerdas se frotan con cera de abeja.

 

Estos instrumentos tienen una connotación mágica o religiosa y se tocaron en la intimidad. Su amplitud sonora es mínima, por lo que se tocaban en familia. Nuestros Wichis los utilizan para enamorar. Sus distintas variantes se utilizan a lo largo y ancho de toda Sudamérica.

En la imágen el Tumank de la tribu shuar.

En nuestro país se utilizan en la región chaqueña y la Patagonia. Los Mapuches lo llamaban Kinkulkawe, hoy casi olvidado. Las cuerdas eran de crin y las frotaban con carbón o ceniza para aumentar la fricción y, por ende, el volumen. Los Tehuelches utilizaban el koólo, lo elaboraban con una rama de calafate o ñire descortezada, la cual arqueaban introduciéndola en ceniza caliente. Las cuerdas eran de crin y las frotaban con una vara de hueso de cóndor o choike (ñandú) bellamente decorado con dibujos. Solían interpretar los sonidos de los animales.

 

Fuente: bitácoradeunmúsico.blogspot.com

Debajo. ültimo intérprete tehuelche del koólo. (1908)